miércoles, 5 de octubre de 2016

CIMA MÁS ALTA DE CANTABRIA, con dedicatoria especial.






Creo recordar, que en el reportaje de mi anterior salida montañera, dije que se trataba de una especie de prueba o rodaje, para afrontar "empresas" mayores. No olvido, (no lo haré nunca) que recientemente he sido operado de un cáncer de colon, (ahora se han cumplido tres meses) y tal vez mi condición física no me permitiera superar con éxito retos más exigentes. Pero en vista de que mis sensaciones fueron buenas en esa salida más modesta, llegó la hora de esforzarse "un poco más". Y por una vez, no tuve dudas sobre la elección de la ruta a realizar. ¿Objetivo?, la cumbre más alta de Cantabria. ¿Intención?, compartir, de una forma modesta y simbólica, la experiencia, con todas aquellas personas que hicieron posible que pueda volver a disfrutas de LAS MONTAÑAS, como antes lo hacía.
Pero esa dedicatoria especial, la dejo para el final.

Ahora, pongo los acostumbrados detalles de la ruta:














Antes de seguir, quiero aclarar, que soy conocedor de la controversia existente, de si la cumbre más alta de Cantabria es Peña Vieja o si se trata de Torre Blanca. Algunas mediciones le adjudican 2 metros más de altitud a esta última, aunque siempre se consideró "oficialmente" a Peña Vieja, pues Torre Blanca, al parecer, no pertenece a Cantabria en su totalidad y al estar rodeada de varias cimas de una altitud similar a la suya, no destaca tanto como Peña Vieja. Sea como sea, yo me decanto por ésta.














Aunque la previsión no era mala, parte del camino la hicimos con algo de lluvia y al llegar a Fuente Dé, lo que veíamos tampoco era muy halagüeño, pero...
















...la previsión se cumplió y es una lástima que no se pueda transmitir con fotografías la sensación de traspasar la niebla y de pronto, ver esto. El murmullo en la cabina del teleférico fue unánime. ¡Impresionante!














También aquí quiero decir, que no soy muy partidario de utilizar el teleférico para hacer rutas por Picos, pero en esta ocasión era la opción más sensata. En realidad, fue el culpable de que nuestro recorrido no fuera todo lo completo que yo deseaba. Ya en horario de invierno, no se pone en marcha hasta las 10 de la mañana y tuvimos la mala suerte, que por delante de nosotros llegaron dos autobuses de turistas, con la consabida espera en la cola y el retraso horario, nada aconsejable para empezar a caminar en una ruta de más de 20 kms. por territorio de alta montaña.













Esta panorámica da una idea de la espectacularidad del momento:


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Los últimos restos de "civilización" que veremos en todo el día, con la peña Remoña al fondo:











La misma que vemos a la izquierda en esta foto:












Los pozos de Lloroza, con muy poca agua todavía:













Al llegar a La Vueltona, abandonamos el camino y seguimos de frente:












Mirada atrás:
























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Al frente, dos puntos destacados de la zona:












Abandonamos el camino hacia Horcados Rojos, giramos a la derecha y ya podemos ver la Aguja de la Canalona.












Arriba, se intuye el collado de La Canalona, donde tenemos que llegar, para desde allí, comenzar la ascensión a nuestro principal objetivo del día:












La aguja de Bustamante.












Aquí se pueden ver las dos agujas:












Mirando hacia la parte de donde venimos y con un poco de imaginación, se puede ver la parte alta del teleférico y la entrada de la canal de la Jenduda.












Uno de los grandes momentos de la jornada. La imponente mole de Peña Vieja. Aquella cima nos espera:












Ya tenemos una bonita vista del macizo Oriental de los Picos de Europa:























A nuestra izquierda...













Bonita panorámica la que tenemos ante nuestros ojos.


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Tres cimas importantes del Oriental, que conozco bien, pues en su momento tuve la suerte de poder acceder a ellas.












Tan privilegiado mirador, nos pareció buen lugar para reponer fuerzas. Amadeo comparte su bocadillo con las grajillas, que acostumbradas al paso frecuente de montañeros y seguramente con poca comida, se acercan hasta prácticamente comer en nuestra mano:






















Ésta se puede ver que está anillada:























¡A por ella!












Cerca de la cumbre nos cruzamos con estos otros tres montañeros que ya descendían de la misma.












Y tras una subida con una parte final bastante pendiente, (aunque sin excesivos riesgos) alcanzamos la tan anhelada cima.
Peña Vieja. 2612 msnm. (Según mi gps).












Amadeo no puede disimular su alegría...











...y yo también con cara de satisfacción:












Algunas de las cumbres más importantes del macizo Central:























Allí abajo estábamos hace un momento:












El pico Valdecoro flirteando con la niebla:












Y una primera vista de las praderías de Áliva, nuestro siguiente objetivo:






















Y ahora, sin comentarios, (no son necesarios) pongo algunas de las panorámicas de las que se puede gozar desde tan privilegiado lugar.


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Decir también, que pocas veces a esa altitud se encuentran unas condiciones tan apetecibles para prolongar la estancia allí "indefinidamente". Temperatura ideal, nada de viento...
Por ese motivo, la cámara de fotos echaba humo. Seguramente me he excedido con el número de ellas que pongo aquí. Pido disculpas por ello, pero que conste que me contengo bastante. Hice muchas más.











Pero queda mucho que caminar todavía y hay que bajar. Aquí, una mirada atrás, hacia la parte más alta de donde venimos:











Una vista del collado de La Canalona, hacia donde tenemos que regresar:











Esto es lo que vemos a nuestra derecha, en un punto de la bajada:












Amadeo echa una última ojeada a la "mole que acaba de conquistar". La verdad es que es una montaña que impresiona bastante.












Ya en el descenso de La Canalona, hay una mejor visión de la Aguja de Bustamante.












El plan previsto era volver a la Horcadina de Covarrobes, cruzar Áliva y coger el PR 24 que evita bajar por la "pestosa" pista a Espinama, ni los tres kms. de asfalto de Espinama a Fuente Dé. Pero entre lo tarde que empezamos la ruta, nuestras contemplaciones y paradas a comer y hacer fotos, etc, el tiempo se nos iba agotando. La posibilidad de acortar el recorrido y volver a bajar en el teleférico, aunque la menos deseada, ya no era posible, pues el horario es hasta las 6 de la tarde y ya no íbamos a llegar a esa hora. Solo nos quedaban dos opciones. Una, la prevista por Áliva, aún sabiendo que nos pillaría la noche o bajar por la canal de La Jenduda, tampoco muy apetecible, pero esa opción tomaba cuerpo, pues la niebla amenazaba con meterse en Áliva. Decidimos llegar a paso ligero hasta la Horcadina y según lo que viéramos desde allí, tomar una u otra decisión.
Esto es lo que se veía desde Covarrobes:


































En la Jenduda se estaba metiendo también la niebla y nos parecía arriesgado bajar por ella en esas condiciones, así que decidimos seguir con el plan inicial.
La niebla aún nos permitió tomar algunas imágenes del chalet Real:
























El chalet Real fue construido en el año 1912 por la Real Compañía Asturiana de Minas, para dar alojamiento al rey Alfonso XIII durante sus cacerías de rebecos en la zona. Aquí hay más información al respecto: http://www.valledeliebana.info/reportaj ... aliva.html












A partir de aquí, la falta de luz no ayuda en nada a la ya de por sí, escasa calidad de las fotos. Aún así, me atrevo a dejar unas últimas imágenes que no hacen justicia a la belleza del lugar.
El Hotel Refugio:























Curioso y sorprendente el emplazamiento de esta bolera. Imagino que será una de las boleras a mayor altitud que se conozcan.













































Un intento por transmitir la paz y tranquilidad que rebosan estas praderías de Áliva:













































Amadeo haciendo amigos. Aunque fijándome mejor, creo que se está quedando dormido:











La niebla nos amenazaba por momentos...











...Aunque aquí parece integrarse muy bien con el paisaje.
(No me gustaría pecar de inmodestia, pero creo que esta es la fotografía que más me gusta de las...¡trescientas y pico que hice hoy!)












No es extraño la abundancia de ganado en la zona, pues los pastos son interminables y la abundancia de agua también es notable:











Curiosa la "maceta" de este bonito acebo, en las proximidades de la fuente.












Y ya en el final de las praderías de Áliva, la noche se nos echó encima. 












Amadeo parece ir pensando ya en la próxima:


Aún estábamos a casi dos horas de Fuente Dé y para mí iba a ser la primera vez que transitaba por ese PR 24 Le tenía ganas. ¡Otra vez será! Por suerte, siempre llevo un frontal en la mochila y aunque hacía años que no lo utilizaba, a las pilas le quedaba la energía justa para llegar al coche. ¡Lo mismo que a mi!

Y esto es lo que dio de sí una bonita jornada de montaña, de la que a priori esperaba más. Todo me parece poco para esta dedicatoria especial con la que ya termino. Me queda la mala sensación de estar "ofreciendo" la mitad de lo que esta preciosa ruta puede dar. De estar "dedicando" un trabajo a medias. Afortunadamente, esas personas a las que va dedicado, no hicieron lo mismo conmigo. Pero aunque este reportaje no sea todo lo completo que me hubiera gustado para compartir con ell@s, de lo que pueden estar seguros, es que va acompañado de toda mi admiración, respeto y eterno agradecimiento.
Así pues, aunque soy consciente de que es muy poquita cosa la que doy, va dedicado a todo el personal sanitario del HOSPITAL UNIVERSITARIO MARQUÉS DE VALDECILLA, de Santander. Al personal de limpieza, celadores, enfermer@s, etc... de quienes solo recibí atenciones y buen trato y especialmente al equipo quirúrgico, personalizado en la cirujana Carmen Cagigas Fdez. ¡¡GRACIAS A TODOS!!
A partir de ahora, un poquito de todos ellos me acompañarán en un rinconcito especial de mi mochila*(1)

*(1) corazón.



Hasta la próxima.