miércoles, 23 de septiembre de 2026



Dos razones principales son las que me llevaron a poner un título tan peliculesco a este reportaje. 
Los escasos seguidores que pueda tener de mi "trayectoria" como montañero/senderista, se acordarán que durante un tiempo (acabo de comprobar que unos 8 años), la mayoría de mis salidas, las hice en compañía de Amadeo, pero desde hace un par de años, por problemas físicos y de trabajo no habíamos vuelto a caminar juntos. Sabiendo de sus preferencias por el lugar donde yo tenía intención de ir "se lo dejé caer" y haciendo un esfuerzo para solventar aquellos problemas, me dijo que le gustaría mucho acompañarme. El principal motivo de su interés es que sus padres son de la zona y él mismo pasó una parte de su infancia allí. El lugar es San Roque de Riomiera y los Picones de Calleja Albira son un bonito cresterío que se encuentra entre esa localidad y el Puerto de Lunada. 
Lo dicho, por sí solo, justifica el título. Por una parte volvemos al pasado al hacer una ruta juntos y por otra, él regresa a sus orígenes.
Dicho y hecho. A la mañana siguiente nos pusimos en marcha.  

Lo primero que me hace sacar la cámara de la funda, antes de llegar al inicio de nuestra ruta, es la Iglesia de la Asunción, perteneciente a las localidades de Calseca y Valdició:


PATRIMONIO ARTÍSTICO RELIGIOSO.
La Asunción (Nuestra Señora de los Barrios) en Valdició y Calseca es un templo de una nave con capilla mayor rectangular de tradición gótica, cubierta por una bóveda de crucería. Fue reedificada en el siglo XVIII; alberga un retablo mayor rococó contemporáneo a la reconstrucción de la iglesia. A los pies del edificio se abre el pórtico que comunica con la portada de ingreso, abierta en arco de medio punto coronado por una cruz latina. Tiene una pequeña sacristía en elk lado del Evangelio.
En 1785 se menciona "la nueba ygesia de Nª Sª de los Varrios de Valdició y Calseca", lo que sugiere una construcción de nueva planta. 
En 1786 se concluía la sacristía.







Empezamos a caminar desde las antiguas escuelas de Valdició, donde hay una amplia explanada para dejar nuestro vehículo:








Algunas de las fotos que voy a poner  (advierto que me voy a contener mucho), también son una prueba de que teníamos motivos para sentirnos transportados al pasado:















A lo largo del reportaje habrá varias pruebas más. 
Y ¿que decir del paisaje? ¡Paisaje es esto!:






















Uno de los clásicos de la zona:















Este ingenioso sistema de captación de agua y algunas cabañas de las muchas que hay allí, nos siguen evocando tiempos pasados:




































Después de una larga y pendiente subida, llegamos a la cresta de los Picones.
Es una lástima que desde la distancia no se pueda disfrutar, como nosotros lo hicimos, de la brutalidad de ese paisaje al que me refería antes:















A Amadeo le falta poco para emocionarse mientras trata de localizar y enseñarme las viviendas y cabañas de sus familiares. Uno de sus tíos aún reside por allí:














































































Otro viejo conocido que no necesita presentación:





























Una vez llegados aquí, Amadeo me recuerda que solo una vez en su juventud, acompañado por un hermano, estuvo caminando por esta zona, por lo que decido que puede ser un buen sitio para hacernos unas fotos que nos sirvan de recuerdo... ¡por si es la última!
Tengo que decir que fue el peor momento del día y a punto estuvimos de marcharnos sin hacerlas. Confieso que aunque suele ser relativamente frecuente, yo no había visto una cosa así en mi vida. ¡Nos comían los mosquitos! En realidad más bien parecían hormigas con alas. No es la foto en la que mejor se ven, pero aún así, si nos fijamos un poco se pueden apreciar bastante bien:








Después de una intensa pelea (que perdimos) con las hormigas aladas, abandonamos precipitadamente (todo lo precipitadamente que nos permitía la dificultad del terreno) la cumbre de uno de los Picones y seguimos disfrutando de las maravillosas vistas que el agreste cresterío nos permitía:




























































































Al igual que la mayor parte del recorrido, el descenso de la cresta hasta la parte baja, fue durillo. Una vez ya en la pista que nos devolvía al punto de salida, me permito el lujo de hacer una foto "artística":  








Y ya hasta el final, alguna foto más que nos reafirma que todo allí está fuertemente impregnado de pasado, pero donde todavía hay mucha vida:


















































Como última reflexión, me gustaría decir que me alegro de haber realizado esta ruta que llevaba mucho tiempo pendiente (a pesar de tenerlo a media hora de coche desde casa). Me alegro por que me encantó el paisaje y me alegro todavía más por que pude contribuir a la felicidad de Amadeo recordando sus años de juventud por estos lares.
He mencionado mucho el pasado y algo el presente pero nada el futuro. ¿Será en eso en lo que va pensando Amadeo ahora mismo? ¿Irá pensando si podría ser esta la última vez que vuelva a subir a los Picones?:








 ¿O puede que vaya pensando, después del gran esfuerzo que le costó hacerlo, en llegar al final para descansar aunque sea en una silla como esta?:
 







¡Ninguna duda, era en la silla en lo que estaba pensando!:


😉



Hasta la próxima.