Las pocas personas que ven mis reportajes, saben que Ricardo y yo teníamos pendiente el descubrimiento del último y más importante de los "Aposentos del Ojáncano", por los más intrincados laberintos del Alto Asón.
Hace ya un año de nuestro última tentativa : "Preparando el asalto a los Aposentos del Ojáncano".
Pero siempre hemos tenido presente este reto. Era una espina demasiado grande la que teníamos clavada como para echarlo en el olvido.
Última semana de vacaciones de Ricardo y en una conversación programando otra salida le digo: "tenemos pendiente una visita al Ojáncano" y la respuesta fue tan simple e inesperada como: "¿mañana?".
Fue muy fácil ponerse de acuerdo, pues yo también estoy "de vacaciones".
Pasaron unas horas y... ¿sería hoy EL DÍA?
Ya desde que comenzamos a caminar por Los Collados de Asón, teníamos la sensación de estar siendo vigilados:
Sin embargo, nada parecía romper la tranquilidad habitual del lugar:
(A propósito, hoy no voy a poner al final la selección que suelo hacer con algunas fotos de Ricardo. Puesto que este era un reto que teníamos "a medias", voy a alternar mis fotos con algunas de las suyas, que además siempre aportan información y calidad al reportaje):
Y aquí comienza la aventura:
Aclaro que para poder hacer esta foto, Ricardo había descendido ya "abriendo la vía":
Foto de Ricardo.
¡¡BRUTAL!!:
Foto de Ricardo.
Foto de Ricardo.
Foto de Ricardo.
Llegando casi al final:
Reconozco que la calidad de las fotos no es muy buena, pero cualquiera que sepa algo de fotografía, entenderá que son las peores condiciones posibles. Cielo arriba con mucha luz y mucha obscuridad abajo. Exponer bien es prácticamente imposible.
Y por supuesto, después de los esfuerzos que nos costó llegar allí, no podíamos salir sin dejar constancia de haber conseguido "profanar" los Aposentos del Ojáncano:
Foto de Ricardo.
Y con la misma prudencia, pero con la satisfacción de haber conseguido algo grande y en lo que habíamos fracasado en varios intentos, abandonamos tan idílico rincón, no sin antes darnos un abrazo como si hubiéramos conquistado la cima de un "ochomil":
Foto de Ricardo.
Una pequeña parte de dicho lapiaz cuando ya abandonábamos la misteriosa galería:
Buena prueba de lo exigente del terreno es el estado en el que quedó una de mis botas. Creo que ellas también pensaron que era buen día para abandonar mi compañía y recordar desde el retiro, un momento tan especial:
Ahora solo quedaba disfrutar del paisaje, que no era algo preferente esta vez, pero que no tiene desperdicio.
Hoy todo me parece tener un encanto especial... ¿por qué será?:
Nuevo modelo de "piercing", experimentado en animales y que pronto será tendencia entre las personas:
Llama la atención la sincronización en el comer de este ganado. Ni un solo animal levanta la cabeza a nuestro paso:
Desde esta ubicación donde se puede ver al fondo a Ricardo...
*Tomas de dron realizadas con todos los permisos y autorizaciones pertinentes.
... él nos brinda el mejor "postre" posible para rematar una jornada que siempre recordaremos como muy especial:
Pero...... no todo el mundo compartía nuestra felicidad.
¡Lo siento Ojáncano! Pero no deberías estar tan enfadado. Más bien todo lo contrario. Te pedimos disculpas por nuestra osadía y te prometo que a partir de hoy ya no volveremos a molestarte nunca más:
NOTA: No quiero despedir esta tetralogía de intentos por culminar una aventura que empezó hace ya un par de años, sin mencionar el generoso ofrecimiento de Carlos Lamoile, "Llambriales" (gran conocedor de la zona), para ayudarnos en la localización y realización de la misma. Ofrecimiento que agradecemos enormemente pero que declinamos por tratarse más que nada de una cuestión de amor propio. ¡Gracias Carlos!







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